Carta a nuestra Sangha, del maestro Raphaël Doko Triet, abad del templo zen

 

Mis queridos amigos:
Como el confinamiento es el nuevo lugar de retiro, es desde París, donde yo mismo estoy confinado, que os escribo.

Independientemente de nuestra voluntad, todos estamos confinados en nuestras casas, y privados de reunirnos como de costumbre, cada mes en Seikyuji, pero también en otros lugares de sesshin. Nadie podría haber imaginado ser privado de estas reuniones. La última vez que estuve en Seikyuji durante la sesión de febrero, Gregorio y yo habíamos preparado semillas para el huerto para las próximas sesiones.

Pero de repente, el demonio de mujo, de la impermanencia, ha rugido, tomándonos a todos por sorpresa.

El maestro Deshimaru nos decía a menudo: «Cuidado con el demonio de mujo.”
Así que, por supuesto, no poder llegar a nuestro templo, no poder saludarte en persona me afecta; pero nuestra práctica no se impide de ninguna manera.

Donde estoy, todas las mañanas me levanto para hacer zazen, para cantar los sutras, para comer el arroz que sabe tan bien. Aunque solos y en silencio, cada uno de vosotros me acompaña. No lo dudéis. Como bien dice Dostoievski: “Incluso en el lugar más oscuro, una flor está lista para florecer.” Podemos esperar que después de esta pesada pandemia, una nueva conciencia surgirá; que en lugar del egoísmo que rige este mundo, una mayor solidaridad nos animará.

Fueron nuestros amigos italianos, los primeros en Europa en ser golpeados duramente por este azote. Y son ellos los que cantan todos los días de balcón a balcón. Asimismo, los españoles aplauden al personal de sanidad, mostrando así al mundo una humanidad que se descubre a si misma de nuevo, en estos tiempos difíciles.

Nos volveremos a ver pronto, espero. Mientras tanto, practiquemos juntos, cantemos, aplaudamos.

A todos vosotros, de mi corazón a tu corazón.
Raphaël Doko Triet